Distancia Focal // Ernst Haas

Ernst Haas fotografiado por Glenn Beier 

“Una fotografía debe ser a la vez una pregunta
y una respuesta”

 ” Nacido en Austria, es un maestro de la fotografía en color, cuya capacidad para registrar la acción bajo sus múltiples aspectos ha sido reconocida en todo el mundo. En 1947 efectuó una exposición en blanco y negro sobre el retorno de los prisioneros de guerra a Viena; dos años más tarde ingresó en la agencia Magnum de París, y en 1950 se trasladó a Estados Unidos. “

Navajo Nation, Arizona 1970

Para mi, la fotografía constituye un placer, una satisfacción. Sin embargo, no equivale a felicidad. En la vida, como en la fotografía, la satisfacción es una fuerza contagiosa, una fuerza que puede elevar todos los sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto. Algo que le hará abierto y vulnerable, pero también curará sus decepciones. Es silenciosa, pero luminosa; es como la alegría, pero con cierta seriedad. Es más una sonrisa que una carcajada.

Es una fuerza de inspiración que intensifica la existencia. Puede guiar su corazón, sus ojos y su mano cuando accione el obturador de la cámara. El sujeto no es importante; lo que ha encuadrado resulta expresivo porque usted lo ha fotografiado.

Una imagen fotográfica crea una historia que no se había intentado contar antes. Es una mentira que dice la verdad; es una afirmación y una negación al mismo tiempo; es y no es. Puede considerarse un momento poético en el cual el “como si” crea una vida nueva.

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Fachada de la Catedral de Notre Dame de París, 1963

Tomemos, por ejemplo, la paloma de la foto que, en la mano de una imagen de piedra de un santo, parece sostener una discusión pacífica con un viejo amigo. En la fracción de segundo de una fotografía se puede relacionar lo no relacionado. Cuando una niña pequeña da de comer a las palomas en San Marcos de Venecia, su miedo se transforma en placer.

Plaza San Marcos, Venecia, 1965

Toda emoción está basada en esta paradoja humana, el placer del temor. Ni positivo ni negativo, el placer puede apuntar a muchas direcciones a la vez.

Una vez que se dominan las pocas reglas básicas, la toma de fotografías es fácil. Lo más difícil e importante de conseguir es saber ver fotografías, ver realmente, de manera que lo que vea sea convincente. La satisfacción de ver con una cámara se centra en que usted verá en las escenas el mensaje especial que otros pueden pasar por alto.

Para poseer esta visión  fotográfica deberá estar alerta. Todo es aburrido si uno está aburrido. El encuadre del visor de una cámara es como una ventana al mundo que llevamos con nosotros a todas partes. Es este encuadre el que se transforma en nuestra disciplina del ver.

Desfile del día de Acción de Gracias, Nueva York, 1976

Así pues, fotografiar bien es únicamente un paso más hacia ver y disfrutar más sin la cámara. A través de la fotografía aprenderá a enjuiciar las lineas, las formas y, lo que es más importante, los colores, y a ver su armonía o su discordancia, su ritmo y su belleza.

La yuxtaposición de objetos en una fotografía debería crear una imagen que transmita sus sentimientos y su opinión acerca de una escena. Como la fila de carritos de supermercado y el sol de aspecto benevolente, o el cartel que anuncia la ayuda de Michelin justo sobre un automóvil que sin duda no ha recibido ayuda; una escena puede ser divertida y a la vez expresar algo sobre nosotros mismos y sobre la forma en que vivimos.

Supermercado, Florida, 1971

París, 1973

La fotografía es un medio universal, un idioma que no precisa traducción. Si el arte es aristocrático, la fotografía es su expresión democrática. Es un medio para todos, tal vez porque transmite con tanta efectividad las sutilezas y complejidades de los sentimientos existentes entre las personas. Por ejemplo, en una estación de ferrocarril de Munich, Alemania, la cámara combina a los personajes que no quieren partir con otro que, en su mente, parece haber llegado ya a su destino. Y en la página anterior, el alegre aunque no deseado abrazo entre un padre y su hijita expresa el viejo y afectuoso juego de resistirse a lo que ambos desean.

Despedida, Munich, Alemania Federal, 1973

Padre e hija, Colonia, Alemania Federal, 1973

Me encanta fotografiar a la gente; constituyen el tipo de imágenes con las que nos identificamos. Pueden hacernos sentir felices, indignados o tristes. Sobre todo, nos dicen: “Mira, he aquí alguien que se siente como yo.”

Existen trucos para captar a la gente sobre película (actualmente el sensor digital). Primero debe aprenderse a observar y a anticiparse. Las expresiones y movimientos de la gente son fugaces. Sólo el fotógrafo bien preparado consigue una imagen que retrate óptimamente a una persona o a un grupo. No se complique con un equipo excesivo. Le cansará y no le permitirá concentrarse.

Debe aprender a no molestar y a no interrumpir o influenciar las acciones de la gente. Tampoco debe vestirse de forma llamativa. Usted quiere ver sin que le vean. Intente ser invisible. Si la gente descubre su presencia, muestre su solidaridad con ellos, y posiblemente le permitirán fotografiarles. Sonría, y obtendrá a cambio otra sonrisa.

Agudice sus instintos. Aprenda cuándo debe trabajar desde lejos y cuándo puede acercarse; cuándo debe hablar y cuándo debe permanecer en silencio y cuándo no debe fotografiar. Y lo que es todavía más importante: aprenda cuándo debe marcharse.

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Silueta de un cowboy de Colorado

Nunca quise realmente ser fotógrafo. Fue un compromiso que creció lentamente a partir de una aspiración infantil que pretendía combinar dos metas: explorador y pintor. Quería viajar, ver, tener experiencias, pero me sentía abrumado por un exceso de impresiones constantemente cambiantes. ¿Qué mejor profesión podía existir que la de fotógrafo, el cual es casi un pintor apresurado?

Mi inspiración e influencias vinieron más de las artes que de las revistas de fotografía. Hay dos fotógrafos que admiro verdaderamente. Uno era Henri Cartier-Bresson. Nos hicimos amigos y me hizo descubrir la estructura geométrica escondida en una fotografía, así como la existencia de un momento decisivo en el cual la forma y el contenido parecen fundirse uno en el otro. El segundo fotógrafo fue Edward Weston, que en su trabajo me enseñó cómo crear una naturaleza muerta llena de vibrante energía.

Pero pronto me vi forzado a utilizar todas estas fórmulas con miras a una nueva dimensión, el mundo del color. La fotografía en blanco y negro es una sustracción, una reducción del color a negro, blanco y gris. Es una forma que respeto, y nunca he acabado de comprender por que debería competir con la fotografía en color en cuanto a fuerza o mérito. Pero, con la posibilidad de expresar un mundo de color a través del color tuve que buscar un tipo de composición en la que una fotografía en color se transformara en mucho más que una simple imagen en blanco y negro coloreada. En este mundo nuevo del color me encontraba sin grandes influencias y mucho más dependiente de lo que los pintores, antiguos o modernos, podían enseñar. Esta fascinación se remonta a casi 25 años atrás.

Palacio Dodge, Venecia, 1955.

Desde que empecé a utilizar una cámara, nunca me bastó la documentación pura. Siempre he sentido que toda fotografía debería tener la vibración de la vida y estar imbuida de lo que es, de lo que ha sido y de lo que será.

La primer película en color, la película Kodachrome, era muy lenta, en comparación con las películas actuales, y por su falta de sensibilidad me obligaba a utilizar velocidades de obturación muy lentas cuando fotografiaba escenas en movimiento que ocurrían en zonas de sombra. Esto me llevó gradualmente a realizar un experimento, que consistía en alargar el momento y en desplazar la cámara paralelamente al sujeto móvil, consiguiendo una solución visual que expresaba el movimiento en un lenguaje más dinámico.

Nevada, 1960

Como fotógrafo, considero mis imágenes como fragmento de un gran mosaico. Cuando trabajo, pienso en este mosaico y veo los puntos vacíos. De esta forma sé lo que falta, lo que precisa mi mosaico.

Cuando usted fotografíe algo, no lo considere como un resultado final; siempre existe una etapa siguiente. Repita una cosa sólo cuando pueda mejorarla. De lo contrario, continúe. Un fotógrafo debe cambiar para mostrar el cambio, y el desafío al que debe enfrentarse el fotógrafo no es únicamente mostrar el cambio, sino preservar lo que ya existe. Una fotografía debe ser a la vez una pregunta y una respuesta.

Ernst Haas
Nueva York
1979

Web oficial de Ernst Haas
http://ernst-haas.com/homepage/
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Texto extraído del libro “El placer de fotografiar”, por los editores de Eastman Kodak Company (título original en inglés: The joy of photography by the Editors of Eastman Kodak Company) Copyright 1979. Edición español 1980 por Ediciones Folio S.A. España. Páginas 68-77.
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